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01El que decide

Víctor del Valle

De su puño y letra

Esta es mi historia

No es un currículum. Es lo que fui aprendiendo, en el orden en que lo aprendí — que casi nunca es el orden en que a uno le gustaría contarlo.

Empecé a los catorce. No fue una decisión meditada: fue entrar en un salón y no querer salir.

Lo que quería era cortar, y tardé décadas en entender que eso era lo fácil. Entonces medía mi trabajo por lo limpio que quedaba la línea. Nadie me había explicado todavía que una línea perfecta en la cabeza equivocada sigue siendo un error.

Lo que quería era cortar, y eso era lo fácil.

Los ochenta en Barcelona, con la pasarela Gaudí en pleno auge. Trabajaba en El Bulevar Rosa, compartiendo espacio con diseñadores y modelos que marcaron aquella época.

Ahí se aprendía deprisa y en público. Era la época dorada de la peluquería en Barcelona, y a mí me tocó justo dentro.

Era la época dorada de la peluquería en Barcelona.

A Madrid llegué por la mili y me quedé por el oficio. Trabajé en el salón Espejos.

Cambiar de ciudad te enseña algo que no enseña ningún curso: que lo que funcionaba allí aquí no funciona, y que el pelo de la gente cambia con la vida que lleva.

El pelo cambia con la vida que lleva quien lo lleva.

Me fui a formar a Inglaterra, a Francia y a Holanda. En Inglaterra, la disciplina del corte en seco: el pelo mojado perdona, el seco no. En Francia, que el color no es química sino arquitectura — no es el tono, es dónde pones la luz. En Holanda, lo más incómodo de aceptar: que la moda no manda, manda la cabeza que tienes delante.

Es importante estar siempre formándose para valorizar la profesión.

La moda no manda. Manda la cabeza que tienes delante.

Llegué en 1992 y abrí aquí, entre la iglesia de Santa Catalina y la estación. Con toda la técnica encima y faltándome lo importante.

Lo vi por repetición, no de golpe: la gente se sentaba, decía «cámbiame», y casi nunca estaba hablando del pelo. Estaba hablando de una etapa que se cerraba. De una decisión ya tomada por dentro. De algo que quería que se notara por fuera.

Muchas entran con lágrimas en los ojos y salen sonriendo. Eso no lo hace una tijera.

Casi nunca estaba hablando del pelo.

Hace unos años hice un máster de empresa. Un profesor me dijo una frase que me cambió el negocio: si lo que haces no lo enseñas, y lo que enseñas no lo ven, no existe.

Yo lo entendí para las redes. Pero servía para algo más grande: lo que sabes hacer y no explicas se muere contigo. Así que hice lo único que hace que un oficio sobreviva a una persona — lo escribí.

Cuatro pasos, y tres ocurren antes del corte. No es un eslogan: es el orden en que hay que decidir para que la decisión aguante. Eso es el Método MDV. Y a partir de ahí dejó de ser mío.

Lo que sabes hacer y no explicas se muere contigo.

Soy peluquero por vocación y empresario por obligación.

Víctor del Valle · Sevilla

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